"Mis Memorias de África III"
Hablaba de los olores… abrir la puerta de la cabina y un aroma peculiar lo invadió todo. No sabría describirlo, pero me acompañó durante toda mi estancia en Kenia.
La primera imagen: un hombre de color (lógicamente, estamos en África Subsahariana) armado hasta los dientes. Nos mira, me mira, y más sorprendido al verme que yo al verle a él, nos indica un largo pasillo. Hemos llegado al Jomo Keniata Airport en Nairobi.
Al final del pasillo se halla el mostrador de inmigración. Rellenamos los formularios correspondientes: visado, cuestionario de entrada, declaración de moneda… y nos dirigimos al funcionario correspondiente. Llama la atención que éste estaba situado a bastante altura, de modo que había que ponerse casi de puntillas para poder verle (sobre todo los que somos de humanidad concentrada). Pasó el primero del grupo y… ¡denegado su ingreso! Ante las observaciones de mi perplejo compañero de viaje (el grupo lo formábamos 15 personas en total, que creo que no lo había dicho), el funcionario impasible le echa hacia tierra de nadie. Con el segundo de mis compañeros ocurre igualmente y el tercero… ¡Estupor! ¡Desesperación! Pero… en esto me acerco… entrego mi pasaporte… mis diversos y varios formularios debidamente cumplimentados… el funcionario coge toda la documentación… mira el pasaporte… se detiene en la foto… se levanta un poco sobre su poltrona… me mira… remira… vuelve a mirar… y esboza una sonrisa… A continuación me pregunta:
- ¿Cuál es la razón de su visita, señor?
- Turismo, digo (era lo que había que decir, porque eso de explicar mucho… como que no)
- ¡Bienvenido a Kenia!
- ¿Los chicos vienen con usted?
- Sí
- Pues que vayan pasando también
¿Qué razones movieron al funcionario a actuar de tal modo?
En próximas entregas se irá desvelando. Por ahora sólo… que si salís a la calle os cubráis la cabeza, que los que ya peinamos poco…
